En un pueblo pequeño de España, durante el velatorio de una anciana llamada Pilar, dos mujeres que no se conocen están a punto de descubrir que comparten mucho más que una habitación incómoda, un bizcocho de limón y una corona de flores firmada por “el vecino Mauro”.
Leo, la nieta de la fallecida, regresa a la casa familiar después de años de distancia. Inés, una joven desconocida, aparece con una carta notarial y una herencia inesperada. Lo que empieza como un malentendido va revelando secretos ocultos, identidades entrelazadas y una historia que nos lleva hasta la juventud de la propia Pilar en la España de postguerra.
Entre muebles cubiertos, un reloj de cuco que interrumpe cada momento incómodo, y los restos de lo que quedó por decir “Yo sólo quiero irme a Francia” es una comedia amarga sobre la identidad, el abandono y la herencia emocional que atraviesa generaciones.
Una obra donde lo real y lo mágico conviven con naturalidad, donde el humor sirve de defensa ante el dolor y donde a veces, irse a Francia no es una huida… sino un acto de libertad.